Este verano...

Empezó más tardío que ninguno. Generalmente me venía a la playa en junio o a primeros de julio una semana, yo solita, pero este año no ha podido ser. No he tenido playa para mi sola. 

Ha sido un verano, en cuanto a tiempo atmosférico, maravilloso. Acostumbrada a los calores infernales murcianos este año está siendo un eterna primavera. Lo que me pone de muy buen humor.

Antes de ir a Perripueblo estuvimos cinco días perdidos por Aragón.  Hemos visitado 3 pueblos de esos considerados "pueblos bonitos de España": Ainsa, Albarracín y SOS del Rey Católico. Recomiendo visitar los tres. Pero también recomiendo Mora de Rubielos, donde pasamos una noche y degustamos su apreciada trufa negra. Y Teruel, que bien merece una visita más atenta y pausada que lo que se puede ver en una mañana de domingo. Una ciudad preciosa. Sabía que lo sería, pero me sorprendió para mejor. Hemos ruteado en el Parque Nacional de Ordesa, en una ruta de agua, viendo unos paisajes que no nos dejaban cerrar la boca. Nos hemos bañado en una poza natural, La Poza de Puyarruego, de fácil acceso para y una maravilla de la naturaleza. Os parecerá una bobada pero me encantan las aguas cristalinas y frías y uno de mis sueños  era bañarme en una de estas pozas de agua transparente. Hemos pateado Ainsa. Desayunando en su preciosa plaza , otra de mis ilusiones: un desayuno tranquilo, relajado, disfrutando de la vista. También hemos cenado en los restaurantes de sus calles que tienen tanto encanto, tomado pintxos en La Carrasca, no os podéis perder este sitio; unos gin tonics de lujo viendo la luna llena como broche final del día. Hemos disfrutado de la gastronomía, de la naturaleza, de nosotros mismos. He conducido por carreteras que jamás hubiera pensado que fuese capaz de conducir. He disfrutado cinco días como si fueran diez. 

Perripueblo es lugar de amigos, de familia, de piscina. Vacaciones sin más pretensiones que las de hacer una buena caminata, pasear por las calles del pueblo bien temprano para inaugurar con un desayuno la terrza de la nueva casa de una prima mía, dejarse vencer por la pereza en la espectacular piscina o tomarse un aperitivo-comida al que sólo le puede suceder una larga siesta. Encontrarse con amigos, charlar un ratito con aquellos que hace tiempo que no lo haces pero que ahora necesitan de tu apoyo (aunque terminas siendo tú quién se siente afortunada por haber tenido esa tertulia a los pies del Parador). Es lugar de fiestas, las de todos los años, esa que se te hace pesada pero en la que al final decides participar.  He ido al teatro en Perripueblo, Asamblea de mujeres. Una de las mejores decisiones de mi verano. ¡Qué ganas de hacer teatro me han entrado! He disfrutado de verdaderas noches de verano en mi pueblo, de esas que no abundan.  También me he agobiado un poco porque quería estar con todo el mundo a la vez: amigos, familia, pareja, yo sola...Al final no he tenido el suficiente para ninguno, sobre todo para mis padres que son siempre los que menos me ven. Pero hemos tenido tardes de terraza, vermús en familia y piscina con mi madre. 

He sabido que mi hermano tiene nueva novia. Le he visto feliz por ello y me alegro infinito. No ha tenido suerte en el amor, o sí...Según se mire. si esta fuera la definitiva mi próxima cuñada será extremeña ¡mola!

La tercera etapa de nuestras vacaciones ha sido la playa. Un pequeño pueblecito de la costa mediterránea donde mis suegros tienen la casa de verano. Aquí he estrenado piscina. Algo que me ha venido regalado. Otro sueño de mi vida: tener una casa con piscina. En la playa han puesto piscina. La compartimos con la familia de la casa de abajo, pero es piscina, he tenido momentos de verdadero placer en ella, en las tumbonas, tomando el sol, leyendo, siesteando...La playa este año ni la he pisado. 

He conducido mucho y me he comprado unas zapatillas chulísimas para conducir. Sí, yo soy de esas personas raras que se tienen que cambiar de zapatos para llevar el coche. 

He escrito un relato corto que he enviado a un evento de mi pueblo. Me ha costado un poco dar ese paso, pero necesitaba hacerlo. Porque me gusta escribir pero apenas lo hago.

Me he quedado con ganas de viajar un poco más, de ver a algunos amigos que hace años que no veo, de leer más, de escribir más, de organizar mi tiempo mejor, de comer menos o de andar más para compensarlo. De reflexionar más. En definitiva me he quedado con ganas de hacer esas cosas tan zen que pienso que haré cuando llega el verano y que nunca hago. 


Me he hartado como siempre, a la semana de convivir bajo el mismo techo, de mis suegros y sus suegradas. Es lo que tienen las casas en la playa con piscina: que hay que compartirlas.

Y ha llegado septiembre... Tengo varias decisiones importantes que tomar, casi todas relacionadas con mi objetivo profesional. Tengo algunos proyectos en mente que voy a pasar a la acción.  Me he cansado de mi eterna teoría. He decidido dejar de ser una persona ceniza, una persona es que, una persona que no va a mil por hora. Ni idea de cómo voy a lograrlo, pero intuyo que va a ser complicado y doloroso. Estoy en una etapa de expansión. Doy por iniciada mi madurez como ciclo de vida. Y quiero tener una madurez brillante.  Entre las cosas que quiero hacer, por pura pasión personal está el teatro. Entre las que tengo que hacer: pasar a la acción. Dejar de pensar y hacer. Y alejarme de personas que me restan energía. Estoy cansada de malgastar mis recursos con personas que son incapaces de valorar que tienen  una vida maravillosa. Entre esas personas me incluía yo.






           Rincón de Albarracin (arriba)
          En la foto de arriba una calle de Ainsa


  La plaza de Ainsa. Arriba Mora de  Rubielos. 
   







Olímpicos o extraterrestres.

No estoy prestando mucha atención a las Olimpiadas, la verdad. La televisión en verano me estorba bastante. Pero, como con todo lo que sale a través de esa cajita mágica, por mucho que desconectes al final te enteras de cosas. Como por ejemplo que Nadal no ha ganado al tenis. Claro que como no estoy prestando atención a las competiciones deportivas me entero de las noticias con un poco de jet lag, unido el mío personal al que de de por sí tienen unos juegos que se celebran en otro huso horario me da un carajal alucinógeno total. Porque yo tengo la sensación de que Nadal en menos de 24 horas jugó: clasificiación para la semifinal, partido de dobles y semifinal. Vamos que se pegó una paliza de no te menees. Todo esto ocurría mientras yo nadaba a ritmo de tortuga anciana en mi pequeña piscina, leía con miedo a que se me agotaran los libros (despacio, despacio...), me tomaba cervezas para competir por el oro con mi marido y su familia en la categroría de: a ver quién bebe más cervezas en el aperitivo...O sea, que mientras yo vivo a ritmo ralentizado vacacional (unas cuantas revoluciones menos que el resto del año, pero tampoco muchas) Nadal jugaba y jugaba. Y todos los españolistos esperando que Nadal nos trajera la medalla de oro. Esa que una vez sudada por otro nos colgamos como propia gentes que como yo damos un palo al agua para refrescarnos o relajarnos. 

Me da la sensación a mí de que esto de los juegos olímpicos se está convirtiendo en una locura absurda. En una competición donde prima más la cantidad que la calidad. Donde para que te reconozcan un mérito tienes que demostrar que eres el que más gana, el que más récords bate. No vale con ser bueno, en los juegos olímpicos has de ser héroe, si Phels o Bolt ganan en todo lo que compiten, nosotros también. No nos sirven los héroes caídos. Y Nadal tiene suerte, porque su sudor le habrá costado ganar todo lo que este chico ha ganado a lo largo de su vida, y son muy pocos los que se atreven a toserle al mallorquín, o a desprestigiar que esta vez no nos haya traído el oro a nuestras barbacoas veraniegas. Pero no todos los deportistas son Nadal. No puedo dejar de pensar en el murciano, Miguel Ángel López, tengo hasta que buscar su nombre, que corrió los 20 km marcha y del que esperábamos todo menos que no quedase ni entre los 10 primeros. Claro, 20 km de una tacada es algo que hoy en día hace cualquier runner of the world que se precie. 

En una búsqueda rápida sobre su nombre me aparecen titulares como éstos, que me causan sarpullidos intracraneales, suprarrenales, intercostales, perianales, bucofaríngeos, abdominointenstinales y vaginales. O sea asco puro:

http://masdeporte.as.com/masdeporte/2016/08/12/juegosolimpicos/1471028600_159658.html

http://www.sport.es/es/noticias/juegos-olimpicos-2016/miguel-angel-lopez-decepciona-en-los-20-kms-marcha-5321842

https://www.youtube.com/watch?v=ObZAhANw7Ec

http://www.20minutos.es/deportes/noticia/decepcion-miguel-angel-lopez-marcha-duodecimo-2816815/0/


No sé si la raza humana ha evolucionado tanto como para estar batiendo récords constantemente.  En lo que sí parece que evolucionamos a ritmo de récord olímpico es en gilipollez absoluta. 
Sigamos pidiendo imposibles y tirando por tierra méritos ajenos. Sigamos. En eso el oro no nos lo quita nadie. 


Objetivo Profesional 4. No trabajes en cualquier cosa.

Hace dos fines de semana hablaba con una prima mía, 52 años, madre de dos hijos aún menores, estudiante muy tardía (se sacó el título de graduado hace pocos años porque quería estudiar para ser auxiliar de clínica) ella, actualmente,  está trabajando en una pescadería y está harta, cansada y queriendo trabajar en lo que a ella le gusta: auxiliar de clínica. Mi prima estaba entre la eterna duda de si dejar un trabajo que aborrece pero con una nómina segura a fin de mes o lanzarse a la aventura de lograr trabajar en algo que desea. 


Si puedes permitírtelo, aunque eso implique seguir en casa de tus padres un tiempo, no tener un duro para ir a gastarlo al Berska, olvidarte de viajar durante un tiempo, no ir a la peluquería una vez al mes y convertir tu baño en el mejor salón de estética del barrio, quitarte caprichos, hacer sacrificios; es decir, si no te va en ello comer, vivir o sobrevivir y tienes una meta profesional, un objetivo, un  trabajo para el que te has estado formando (por poco que sea, desde un curso del Inem hasta la carrera más costosa del mundo), no trabajes en cualquier cosa. Insiste, espera, busca de lo tuyo. Confía, sigue preparándote, da pasos hacia tu objetivo, por pequeños que sean, pero no te salgas del camino. Si necesitas trabajar búscate algo que sepas con total seguridad que no es tu "labor", un trabajo temporal, muy temporal. 

Miro atrás y veo que uno de los errores que puede que yo cometiese fuera el de empeñarme en trabajar en cualquier cosa. Mi caso no es nada raro, la mayor parte de las personas estudiamos una carrera y cuando la terminamos no tenemos ni idea de cómo enfrentarnos al mundo laboral, no sabemos ni por dónde empezar a buscar. Muchos estamos cansados de pedir dinero a nuestros padres y queremos a toda costa tener nuestra independencia, aunque solo sea para nuestros caprichos. Esto nos lleva a desesperarnos un poco y en esa desesperación se cruzan muchos mensajes de personas, muchos consejos mal-aconsejados, situaciones económicas del país que no dejan mucho lugar a la esperanza....

A mi me aconsejaron: 
- ser teleoperadora. Maldita la gracia. 


Cuando el cáncer se cuela en tu vida.

El año 2015 acabó tan mal que necesitaba creer que era el fin del principio. 
A mi padre le volvieron a a diagnosticar cáncer, la primera vez que esta enfermedad apareció fue en 2009, de laringe, esta segunda vez (o tercera para ser más exactos) era de próstata con metástasis en los huesos, lo de la próstata ya se lo trataron, esa fue la segunda vez,  creo que en el 2010 o 2011, pero parece que no resultó del todo.


Febrero 2009:Aparece el cáncer de laringe. Los síntomas empezaron en noviembre cuando mi padre se quedó afónico. Una afonía que no remitía y en enero el médico de cabecera decidió mandarle por urgencia al especialista. Resultado: Operación. Laringectomizado. Tuvo que estar un mes hospitalizado, sólo podíamos estar una persona con él en la habitación, con mascarillas y mucho cuidado. A pesar del trauma que debe suponer dejar de respirar por la nariz para empezar a hacerlo por el cuello mi padre fue un valiente, la recuperación fue lenta pero firme. Tan solo una infección justo después de salir del quirófano. Nos dieron la buena noticia de que no necesitaría quimio ni radio pero 2 meses después de operar aquello se reprodujo y por fortuna pasan el caso a oncología, digo esto porque hasta ahora lo llevaban en otorrino... y el tratamiento que ellos proponían (seguir cortando) era cuanto menos una tortura. Así que le ponen tratamiento de quimio y radio y es ahí cuando los oncólogos le dicen que quizá no hubiese hecho falta operar, o sea dejarle sin laringe y sin voz, ni olfato. La quimio le va genial. Decidimos no pensar en lo que podría haber sido, es ya irreversible todo, y tirar hacia adelante. 

En Octubre de ese mismo año, 2009, recien acabado el tratamiento de quimio y radio, empieza a hacer cosas raras, como por ejemplo ir andando, pararse y mirar hacia un lado. Yendo al hospital a  una revisión, esa cosa rara le da conduciendo por la autovía. Va con mi madre en el coche, gira el volante hacia la derecha y se va contra un camión. No lo puede evitar. El coche queda hecho polvo. Mis padres sin un rasguño, salen vivos de milagro. En el hospital le dicen que tiene un tumor cerebral, meningioma.  El tumor es benigno, no tiene nada que ver con el cáncer. Se agravan los síntomas: de repente, estando de pie, mi padre se da una vuelta sobre sí mismo. No quieren operar, deciden tratarlo con medicación y controlarlo. Se controla, pero mi padre ya no podrá conducir. A día de hoy no ha vuelto a tener ningún síntoma más. 

En la primavera de 2010: Cáncer de próstata.  Esta vez, tras unas pruebas, la carta de los resultados llega a casa y allí leemos nosotros el diagnóstico, a bocajarro. Yo no sé si esto será muy lógico. Le hablan de un tratamiento nuevo, no merece la pena operar, son una especie de semillitas radiactivas que se colocan justo en el tumor (no recuerdo en nombre y la verdad, no quiero buscarlo). Parece que el cáncer de próstata se controla. 

Octubre del 2010. En un escaner aparece algo en el pulmón. Susto total, vuelta a empezar. Pulmón tras cáncer de laringe suena horrible.  Deciden darle quimio. El día que va a la primera sesión de la quimio les dicen que lo han estado valorando y que no creen que sea un tumor, que no le van a dar la quimio. Se lo controlan y en el siguiente escaner no aparece nada. 

Del 2010 al 2015 afortunadamente todas las revisiones van fenomenal. Le sube algo el azúcar y para controlar lo de la próstata se pincha unas inyecciones en la tripa. Toma mil pastillas y se cambia la prótesis que le permite hablar cada 3 meses o cuando está incómodo. Sí, mi padre habla, mucho. Hay personas laringectomizadas que aprenden a hablar sin necesidad de prótesis. Mi padre empezó a ir a la asociación de laringectomizados de Burgos, pero cuando le ocurrió lo de la cabeza tuvo que dejarlo. Nosotros no vivimos en la capital y desplazarse hasta allí se hacía demasiado costoso y complicado. 

En noviembre del 2015, hace unos meses, de nuevo aparece el cáncer en nuestra casa. Le sube el PSA y le duele la espalda. El diagnóstico no pinta bien: próstata y metástasis en los huesos. Jarro de agua fría. Las palabras cáncer y metástasis son duras. Le ofrecen darse una sesiones de quimio, 4 en principio, aparte de una medicación para fortalecer los  huesos que se la administran de forma inmediata. Empieza la quimio el día de la lotería de navidad:  22 de diciembre. 

Por suerte, mi padre no sufre efectos secundarios graves de la quimio. Pierde pelo (que ya tiene  poco pero no sé por qué lo aprecia), las uñas las tiene como si se le fueran a caer todas y tiene frío (pero no le hables de ponerse unas zapatillas calentitas o una bata para estar en casa, él con sus pantalones y sus zapatos). Esta vez ni siquiera le han bajado las defensas, come bien (mi madre se preocupa también de hacerle todo tipo de caprichos), duerme mucho, no ha perdido peso. Hace una vida normal y por suerte, no tiene dolores, ni los ha tenido en los huesos tampoco desde que le dieron una medicación para ellos (medicación que dejó de tomar a medida que remitía el dolor). La quimio se la ha estado dando cada 24 días. Tras 4 sesiones le hicieron escaner y parece que la cosa ha ido muy bien, todo se ha reducido bastante, los marcadores tumorales están donde tienen qué estar. a pesar de todo y como mi padre está perfecto deciden darle otras 2 o tres sesiones más, más flojitas.  La última fue en junio. Ahora mismo está perfectamente, recuperando su pelo. Tiene buen aspecto, energía y sigue con su vida normal, que por otra parte  no ha dejado de hacerla nunca.

Todo esto le vino a mi padre un mes antes de jubilarse, con 66 años porque había decidido cotizar un año más para que su pensión en vez de mierda apestosa, fuese solo de mierda. Mi padre ha sido autónomo. A los 66 años le quitaron el habla y empezó a respirar por un agujero en su garganta de la noche a la mañana, porque fue así, paso de tener laringe a no tenerla. Todo este proceso para mí ha sido duro por estar viviendo lejos, estoy a 600 km de mi casa. Lo peor, para mí, es la espera de los resultados de las pruebas. Lo más duro el día que le dijeron que le tenían que "hacer el agujero" porque nosotros lo sabíamos, pero él no. 

He pensado en lo peor muchas veces. He pensado que era la última oportunidad muchas veces. Esta última sobre todo. Me daba miedo lo de la quimio otra vez. El día que fuimos a confirmar el tratamiento, en diciembre, me fui a casa unos días porque no soportaba estar lejos, la médico dijo: Verás como te va a ir muy bien. Y yo me aferre a eso. Cada vez que he visto a mi padre le he visto muy bien. Estando lejos los cambios se notan más. 

Mi madre esta navidad no pudo más con el estrés, con llevar todo para adelante, porque además mi padre, además de tener una mierda de salud de hierro, tiene un carácter complicado. A veces insoportable. Y mi madre no sabe hacer otra cosa que cuidarle y hacerle demasiado caso. Así es que esta navidad llegó a su límite, normal. Y sufrió una subida de tensión muy grande. De aquella empezó a tomar por primera vez y en serio ansiolíticos, y la verdad que le han venido de maravilla. 

Este año 2016 empezó fatal. Horrible. A la falta de salud se unía en nuestro caso personal una  revisión de hacienda y un pedazo de multa por una mala decisión de mi suegro y un hijo que hizo caso (no, yo no voy a echar la culpa al asesor). Yo sigo sin trabajo. Y cada vez me siento más incapaz de buscar algo. A pesar de todo, como el 2015 no fue año que me gustase (gracias a que 2014 fue demasiado bueno) no me lo tomé a mal y pensé que nada podría ir peor. Y de momento no hemos ido a peor. Mi padre va evolucionando y ahora sé que la vez que más cerca ha estado de morir fue en aquel accidente. En estos años nos ha pasado de todo. La verdad. Cuando mi padre empezó con el cáncer yo me pasaba el tiempo buscando información en internet acerca de la enfermedad, testimonios de gente que hubiese pasado por lo mismo, en definitiva buscaba esperanzas. Hoy y aunque me está costando mucho escribir esta entrada, quiero dártelas a tí que estás leyendo y quizás estés en la misma situación. La vida es inesperada. Nunca sabes lo que habrá tras la esquina. El final lo sabemos todos. Pero no merece la pena dejarse llevar por la negatividad (yo confieso que incluso escribir esta entrada me da la sensación de provocar la fatalidad), es difícil pero hay que tener esperanzas. Y aprender a disfrutar de tus seres queridos. Entonces, cuando empezamos este calvario, recuerdo  a una compañera de trabajo que me dijo que el primer cáncer de su padre lo llevo mal, pero que la segunda vez fue peor. No es mi caso. La segunda vez ya sabía a qué atenerme. Sabía que hay que ir viéndolas venir poco a poco porque mientras no te digan lo contrario, todo puede pasar. La experiencia de cada uno es individual. Justo un mes antes del primer diagnóstico de mi padre yo había decidido, incluso ya lo había anunciado en la empresa, que me venía vivir a Murcia. No fue fácil y lo pospuse unos meses, en vez de en marzo, me vine en septiembre. En ese tiempo mi padre mejoró y gracias a eso pude negociar un finiquito.
Lo que quiero decir es que la vida no es como creemos que va a ser, por muy claro que lo veamos. Da mil vueltas y lo que más me gusta pensar a mí es que de un mal puede derivar un bien.

Jamás hubiera pensado en todo lo bueno que hemos vivido estos años. Sobre todo aquel día que tras una agónica revisión me vine a Murcia con el diagnóstico de un médico que fue demoledor. Y luego todo resultó ¡tan bien! En estos años mi padre ha rejuvenecido. A regañadientes unas veces y con ganas otras, han viajado, nada especial, pero más que yo sí, y eso me causa mucha alegría por ellos. Espero que una vez pase este bache en vez de quedar heridos, que puede ser, nunca sabes cómo acabará tu estado de ánimo, sean capaces de sobreponerse y volver a  salir y hacer pocas cosas, no son de hacer muchas, pero al menos tengan más ilusiones más allá de la de recuperar la salud.

Por mi parte deseo aprender la lección, la de darme cuenta de la suerte que tengo. La de dejar de compararme y compadecerme. Pero sobre todo la que quiero aprender y llevar a cabo es la de disfrutar de ellos. Quererlos y disfrutarlos. Ya digo que mi familia no somos happy flowers, a veces somos muy dañiños para con nosotros mismos y pecamos mucho de tener mucha teoría pero poca práctica. Pero ahí estamos. Creo que sí somos piña, a pesar de todo. 

Quizá sea una entrada inconexa y con faltas, pero es la manera en la que ha salido este pus emocional. Espero haberte ayudado si es que has llegado hasta aquí buscando un poco de consuelo. Si puedo escribiré más sobre ello.